Cinco tipos y dónde usar cada uno
Cinco tipos cubren casi todas las necesidades de la pintura interior de una vivienda. Su precio depende de la marca y de la gama, pero en un trabajo de pintor la diferencia de producto pesa poco frente a la mano de obra y la preparación de la pared:
Plástica mate
Salón, dormitorios, pasillos
Pintura al agua de uso general, con acabado mate sin reflejos que disimula las irregularidades de la pared. Es la base del precio de referencia de Habitissimo: 10-12 €/m² de vivienda en blanco.
Plástica satinada
Pasillos y zonas de roce
Acabado con un ligero brillo, más lavable que el mate. Adecuada para pasillos y paredes que se rozan a menudo.
Acrílica de alta resistencia
Paredes muy expuestas al sol
Para galerías y paredes junto a ventanales grandes: resiste mejor la radiación ultravioleta y la decoloración que la plástica común.
Antimoho
Baños, cocinas, condensación
Pintura con aditivo fungicida para techos de baño, paredes junto a la ducha y zonas con condensación. No sustituye a la ventilación: si el moho vuelve, el problema es la humedad.
Esmalte (carpintería)
Puertas, marcos, radiadores
Acabado satinado o brillante y resistente al lavado. Hay esmaltes al agua, con menos olor, y sintéticos.
Recomendación por estancia
Salón, dormitorios, pasillo: plástica mate (color neutro o tendencia). Cocina y baño: antimoho específica (techo siempre, paredes con humedad recurrente). Galería o estancia muy expuesta al sol: acrílica fachada interior. Carpintería (puertas, marcos), radiadores: esmalte sintético satinado o brillante. En una vivienda media, la plástica cubre casi toda la superficie y el antimoho y el esmalte se reservan para zonas concretas.
La preparación de la pared pesa más que la pintura
El acabado que se ve al final depende menos del bote elegido de lo que la mayoría imagina y mucho más de lo que ocurre antes de la primera mano. Una pared bien preparada con una pintura correcta queda mejor que una pared descuidada con la mejor pintura del catálogo. La preparación tiene un orden que conviene respetar: primero se lija para eliminar restos de pintura vieja descascarillada, gotelé o irregularidades del soporte y para dar agarre; después se masillan las fisuras, los agujeros de tacos y las grietas de tabique, dejando la superficie plana, y se vuelve a lijar el masillado una vez seco; por último se aplica una imprimación o sellador que uniforma la absorción de la pared. Ese sellado es el paso que más se tiende a saltar y el que más se nota después: sin él, las zonas masilladas y las zonas de yeso absorben de forma distinta y el color queda con manchas o brillos desiguales por mucho que se den dos manos. Saltarse el lijado o el masillado se paga en fisuras que reaparecen y en una pintura que no agarra; invertir tiempo ahí es lo que separa un trabajo que dura del que hay que rehacer enseguida.
Cuándo toca repintar y qué alarga el acabado
Más allá de la vida útil estimada por tipo de pintura, la frecuencia real de repintado la marcan factores que poco tienen que ver con el precio del bote. La humedad y la condensación son los grandes enemigos: una estancia mal ventilada donde el vapor se acumula degrada el acabado mucho antes que una habitación seca, y por eso baños y cocinas piden una pintura preparada para ese ambiente en lugar de una plástica común. El uso de la estancia manda igual de claro: un pasillo de paso constante con rozaduras o un cuarto infantil se ensucian y se marcan a un ritmo que un dormitorio tranquilo nunca alcanza. Y por debajo de todo está la calidad del soporte, que cierra el círculo con la preparación: una pared bien sellada y sin fisuras retiene el color y resiste la limpieza, mientras que un soporte pobre o mal imprimado obliga a repintar antes aunque la pintura fuese buena. Quien quiera espaciar los repintados gana más controlando humedad, ventilación y preparación que pagando por la gama más cara.
Pintura ecológica + COVs bajos
Cada vez se piden más pinturas con un contenido muy bajo de compuestos orgánicos volátiles (COV), sobre todo en viviendas con niños pequeños o personas con sensibilidad respiratoria. La Directiva 2004/42/CE, transpuesta en España por el Real Decreto 227/2006, obliga a indicar en el envase el contenido máximo de COV y lo limita a 30 gramos por litro en las pinturas mate para paredes y techos interiores (anexo II). Las etiquetas ecológicas, como la Ecolabel de la Unión Europea, exigen límites todavía más bajos.